Enemigos íntimos.

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Enemigos Íntimos. Artículo de Opinión.


Menuda bacanal.es . Proyectos de arquitectos (no me atrevo a decir de arquitectura), de ingenieros de todos los palos, de delineantes con firmones a sueldo. Proyectos buenos (los que menos), malos y regulares. Aderezo infravalorado pero necesario para el potaje cocinado en el mundillo de “el ladrillo” (que mal suena). Pasen sin llamar, aquí hay sitio para todos:

- Promotores: Los que mojan su parné. Compran y venden, o al menos lo hacían. Digamos que podemos hablar de los de verdad y de los de mentira.

Los de verdad: Los promotores de toda la vida, empresarios del sector de la construcción. Tan dignos como cualquier emprendedor de otra actividad. Los hay buenos y también malos, pero estos por lo general no intoxican.

Los de Mentira: Para pasar el rato mientras podamos pillar cacho. Me refiero a los catetos venidos a más, a los culturetas (o eso querían hacernos ver) venidos a menos, exfontaneros, currantes de no se qué, aspirantes a no saben qué, déspotas, capitalinos, propietarios de casuchas, iluminados y otros muchos que…a saber…Quizás los primeros pasos de este coñazo de crisis vinieron bien para limpiar el sector. Pero solo los primeros.

De cualquier forma eran y son los paganinis. Siempre “a los pies de sus señoras”, aunque algunos de ellos con más o menos educación, concedieran al arquitecto el dudoso honor de ser el necesario “arreglador de papeles”. Ya se sabe, “el cliente siempre tiene la razón”, aunque esto sea una mentira como un piano. Total, se cobraba casi siempre (también se regalaba mucho). El negocio, aún cuando había loros, prosperaba.

- Constructores: Aquí también hay de mentira, aunque quizás no tan descaradamente como en el caso anterior. De todas formas y, para no olvidarnos de la famosa picaresca española, muchos de ellos se convirtieron en auténticos maestros en el arte de “colársela doblada” a la dirección facultativa (esto podría llegar a tener su gracia si, por culpa de estas prácticas, muchos españolitos no estuvieran penando ahora por los vicios ocultos de sus hipotecas y la jeta de algunos). Dicho sea de paso y por muy responsables de obra que sean, los arquitectos y técnicos en general NO son policías. A ver si se enteran algunos.

Para ser justos con los justos, por regla general, los constructores de verdad, sin saturación y a un ritmo normal de construcción pueden defender con orgullo su trabajo.

Evidentemente los de mentira, los mentirosos y los caraduras, que también los hay, no entran en este saco.

- Obreros: Estos no tienen culpa. Siempre, como en todos sitios, hay malos curritos, pero en general no la tienen. De todas formas, como reflexión personal, no hubiera estado mal que se les hubiera exigido un poco más de cualificación y que muchos de ellos no hubieran sustituido prematuramente sus estudios por un carrazo tuneado.

Lo sé, decir esto a toro pasado es muy sencillo, pero lo escrito, escrito está.

- La banca….ejem…la banca…Veamos, no hace ni medio siglo, en la mayoría de las casas de Papá y Mamá sólo uno de los dos trabajaba. Mejor dicho, sólo uno de los dos cobraba un sueldo digno por trabajar. El otro, normalmente mami (la mía, amor de madre, la mejor) curraba “at home” y mucho. De ellos los que no disfrutan ya de su jubilación están a punto de hacerlo o deberían. Pues bien, muchos, muchísimos de estos nuestros mayores de clase media tienen casa o piso (pisazo si los comparamos con los nuestros), coche(s) y, seguramente, un apartamento en Torrevieja o similar. Sin Hipoteca.

- Políticos: …De estos mejor no hablamos ¿No? Sólo una opinión. Soy de los que piensan que para jugar en primera división hay que ser bueno, hacerse, formarse y mamar en categorías inferiores y aquí, lo que se dice bueno, formarse y mamar (no confundir con chupar del bote), poco.

Por si no fuera suficiente, alguno de estos sabihondos propone (y el resto acepta en pos de una construcción de excelencia, faltaría más) y coloca en escena el deslumbrante Código Técnico de la Edificación (en adelante CTE).

El hecho de que hubiera promociones malparidas no estaba causado porque los detalles constructivos en este país fueran efectuosos, sino por la enorme cantidad de viviendas que se levantaban de la nada en dos días. Había que construir rápido (con cualificación del constructor y promotor o sin ella), vender y a otra cosa mariposa. Quien mucho abarca (no solo en el ladrillo, que quede claro) poco aprieta.

Y bien, como todo el mundo sabe, el fuego se apaga con Gasolina. Complejo, el proceso constructivo se encarecería considerablemente, el aprovechamiento del solar sería menor, etc.… Y todo dios a proyectar, redactar, presupuestar y, como fin último, a construir sin mesura. Que no panda el cúnico. Si la burbuja era pequeña…



Tampoco puso pegas un prestigioso y reconocido Instituto de ciencias de la construcción dedicado a la investigación privada en el campo de la edificación y sus materiales. Recibió el encargo de la redacción de tan preciado documento y, evidentemente, no hizo ascos a una importante inyección monetaria que le sacaría de algún apurillo sin importancia. Para ello puso a trabajar a un imponente grupo de becarios y titulados recién saliditos del horno. Que sí… que serían unos prodigios y magníficos estudiantes y/o titulados con un expediente ejemplar…pero batalla en la calle seguramente no tendrían mucha. Resultado, un tochazo imperfecto que todavía hoy, después de un millón de derogaciones y remiendos desde su nacimiento sigue sin enmendarse. Un documento altivo que, además de mirar por encima del hombro a todo lo ejecutado anteriormente, contribuye a alimentar (por su puesto nada más lejos de la intención de sus creadores) al ya complicado monstruo burocrático de este país. ¿Para qué? Me lo expliquen. Para establecer nuevas directrices de eficiencia energética, obligar a colocar placas solares (me parece bien), corregir la infumable CPI-96, mejorar la accesibilidad, etc.…no hacía falta tanto folión. Que viene de Europa…pues digo yo tendremos que sacudirnos los complejos de una puñetera vez.

- Ingenieros y aparejadores. A lo suyo. Hacen su trabajo, lo que pueden hacer y se les encarga, cobrar o no es cosa suya. Hacerse respetar o no, ídem. Y, de paso, se mantienen

cada vez más al acecho por si alguna de las competencias del arquitecto se pone a tiro. Dicho sea de paso que sus respectivos colectivos están más cohesionados y unidos que el nuestro (si, yo también soy arquitect@). Y claro…por pedir que no quede, pero este es otro tema relacionado con la entrada en vigor del proceso de Bolonia y la mentalidad acomplejada de la que hablaba antes, capaz de cargarse una titulación de arquitecto tan estupendamente reconocida fuera de nuestras fronteras.

- Arquitectos. Para este análisis elimino a dos grupos. A los funcionarios, que, aunque a veces se oigan campanillas sobre ciertas minorías (como siempre, pagan justos por pecadores), suelen hacer aquello para lo que se les paga, investigan, revisan que todo está en orden, integridad documental, gestión de licencias, cumplimiento de normativas, planeamiento... Los otros son los arquitectos trabajadores por cuenta ajena. Sus jefes me interesan más: la profesión libre. ¿Hemos aportado los arquitectos nuestro granito de culpabilidad, por pequeño que sea? Yo creo que en algunos aspectos sí. Hemos llegado a aceptar que ciertos trabajos no se cobraban. Se hacían para conquistar un suculento encargo. Ojo que esto no sólo se practica(ba) con el promotor privado ¿O acaso la administración pública abona los costes de elaboración de esos magníficos paneles que componemos para los concursos? Perfectamente podrían ser cargados en el presupuesto destinado a la obra correspondiente. Seguro que esto no iba a hacerla peligrar. Es sólo una idea, pero el hecho de hacer propuestas gratuitas a los clientes para que nos contrataran es algo muy similar. Hemos llegado a hacernos cómplices del escaso talante cultural de la mayoría de nuestros mecenas y, en consecuencia, a aceptar “pepito” como animal de compañía. Ahora pechos de paloma, coquetas cubiertas de teja en territorios mediterráneos, ventanas con palillería y demás artificios, ocupan buena parte del suelo edificable y edificado de nuestro país.

Nos hemos olvidado de que no hace mucho el nombre de un arquitect@ iba precedido de un Don o una Doña.


Por cierto, no hay que olvidar que para fabricar arquitectos existe lo que se llaman Escuelas de Arquitectura. Y que no estaría de más que algunas de éstas se miraran el ombligo y pusieran en cuestión ciertas prácticas que promueven la competitividad extrema, muchas veces insana, y alertaran a sus corderitos de lo que les espera en la jungla. Desmenuzar sin remordimientos la propuesta de un compañero cuando pincha un proyecto en la pared del aula, la retórica, la oratoria, la poesía, dibujar el olor de las nubes, el estado de ánimo y otras chorradas está muy bien. Seguro que es didáctico, pero enseñar y aprender la gestión de un estudio de Arquitectura, el documento real de un proyecto de la calle y la descripción detallada y por partes del proceso constructivo con todos sus intervinientes desde que se traza el primer rallajo hasta la emisión del certificado final de obra, administraciones públicas, visados colegiales, etc…no estaría de más.


En fin…Corredores, pitaflautas, putas, gualdrapas, comisionistas…Seguro que me dejo algún miembro o miembra en la sopa. Por favor no se me enfaden…sobre todo los trabajadores honrados, que los hay. La mayoría.


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